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lunes, 18 de febrero de 2013

SOIS DIOSES



(Juan 10, 34)

Ríos de tinta ha hecho correr esta expresión, una expresión proferida por Cristo en el Evangelio de Juan, y que ha sido objeto de numerosas interpretaciones, incluso ha sido alguna vez borrada de alguna traducción popular de la Biblia.

La expresión es, cuanto menos, curiosa. Referida como está, además al hombre, en un contexto monoteísta como el Judío, y proferida además en un contexto hostil.

De hecho, una de las principales acusaciones de los Judíos contra Jesús fue el de haberse hecho igual a Dios, siendo como era un hombre.

Desde mi perspectiva de Caballero Templario, no puedo analizar un texto bíblico más que desde la HUMILDAD y la pobreza de mi pobre Kama Manas para referirme a lo Divino, no seré yo quien le diga a Dios lo que debe o no hacer, como sí que hacen muchos de los que hoy hablan en su nombre.

Mucho menos ocultar la más mínima letra de su Palabra para hacerla coincidir con una  doctrina religiosa que no deja de ser, no olvidemos, una  obra humana, curiosamente, eso sí sería con todas las letras una HEREJÍA.

No, no voy a enmendar la Plana al Padre Divino, antes bien, me voy a empapar con ella, a tratar de que me transmute sus profundas significaciones, y a tratar de que ilumine mi entendimiento.

Cuando Jesús dice “Sois Dioses” hace referencia a la entrada de una dimensión Divina en el Hombre a través de El Cristo mismo, que al participar de la Naturaleza de Dios siendo Hombre, introduce la Naturaleza Divina en lo Humano y por tanto, dejamos de ser hombres para ser Hijos de Dios, esa filiación Divina nos convierte en “dioses” Hijos del Dios Padre, ya que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre, “Quien ve al hijo ha visto al Padre” dice el Señor.

Esa Filiación Divina nos convierte en dioses  al elevar nuestra naturaleza de mortal en inmortal, nos convierte en algo más que hombres, y no es legítimo confundir a un dios con DIOS, ni siquiera las religiones paganas lo hacen, y los Templarios sabemos que todos los cultos son expresión de una parte de la Verdad, la Religión del Verbo proviene de Ram el Celta, por ejemplo.

Participar de la naturaleza de Dios nos convierte en dioses sin que esto implique negar la Unidad de Dios, ya que es la relación de filiación, la participación de la Naturaleza del Padre lo que nos convierte en tales, como dicen Las Sagradas Escrituras Dios se complace y se muestra en sus criaturas.

A nivel ético, la responsabilidad de ser dioses es tal que nos obliga a ser Imagen del Padre, curiosamente es la negación de toda idolatría. Somos idólatras cuando nos conformamos con ser hombres, cuando no queremos ser como Dios, es decir, cuando no queremos ser dioses. Además, el Cristo estaba citando un Salmo de las Antiguas Escrituras, es decir, venía de antes esa Tradición.

Los Griegos, que no creían en la Cristificación y divinización del Hombre, eran, pues, pre-crísticos, sí entendían que cada divinidad a la que daban culto no era DIOS, sino un dios que mostraba una aspecto  de algo superior  al  que ellos llamaban “El Incognoscible”, de manera que el dios de la Guerra o el dios del Arte, o la diosa del Amor serían expresiones cercanas de aspectos de un Dios único que los contenía a todos y que por naturaleza sería  incognoscible para el ser Humano. Ellos tampoco confundían  un dios con DIOS. Lo mismo ocurría en Egipto y en general con los cultos derivados de la Tradición Iniciática. No eran Idólatras, sino humildes. Otra cosa sin duda son cultos derivados de Tradiciones no iniciáticas cuyo examen desborda con mucho este trabajo.

La Idolatría de las religiones Paganas no estaba tanto en el número de sus divinidades como en la negación de que el Hombre pudiera acceder a esa Naturaleza Divina, es ahí donde el Cristo con toda su Gloria puso al Hombre al mismo nivel divino  al encarnar como Hombre nada menos que el Hijo Unigénito, el mayor entre los Hijos de Dios,  por ello, como diría el Buda “Los dioses envidiaran a los hombres”.

Por tanto, podemos sentirnos dioses sin miedo, sino con Amor al Dios único del cuál debemos ser expresión, la Cristificación es un camino iniciático de divinización del Hombre que el Cristo nos regaló. (Lancelot, “Impossibile Nihil est”).


miércoles, 28 de noviembre de 2012

LA CUSTODIA DE LOS PEREGRINOS, HOY.




Las Cruzadas Medievales tienen un mensaje y un Simbolismo que va mucho más allá de la mera historiografía. Desde la Figura del Peregrino hasta Tierra Santa, así como la figura del Custodio Caballero, la Historia nos habla de un Simbolismo en Mayúsculas para todo aquel que lo sepa ver.

En primer lugar, la figura del Peregrino en viaje hacia la Tierra Santa nos habla del actual momento evolutivo de la Humanidad, que tiene que pasar su Antakarana o viaje desde su yo inferior al Yo Superior, su Tierra Santa. Este Peregrinaje es un Viaje Interior e iniciático lleno de peligros y de él nos hablan todas las Escrituras Sagradas de Tradición Iniciática: Baghavad Gitta, Uttara Gita, La Odisea de Homero y muy especialmente la Biblia, en la que el éxodo o peregrinación se multiplica en multitud de ocasiones.

Se trata de un Viaje hacia dentro de nosotros mismos, el llamado Espacio Interior, que tuvo a Cristo su primer Peregrino, coronando con éxito la iniciación y abriendo las Puertas de Kether, de su doble naturaleza Divina y Humana tiene lugar la posibilidad de la Salvación, Hércules liberando a Prometeo y Dionisos sacrificado del que la Humanidad renace bebiendo su sangre y comiendo su Carne fueron anunciadores del Verbo Encarnado posteriormente en Cristo.

En Segundo Lugar, la Tierra Santa a la que hay que llegar es la Jerusalén Celeste o el Manas de la Iniciación, el Fuego Sagrado de la Iniciación actualizando el Quinto Cuerpo o Quinto Elemento y que requiere el paso por el Antakarana, la escalera mística de los peldaños y pruebas iniciáticas.

En tercer lugar, ese peregrinaje por el Antakarana es una Travesía del Desierto que requiere la labor de los Caballeros Custodios, la Milicia del Cristo, equivalentes a los Budas de Compasión que se esfuerzan en acelerar su iniciación para permanecer por Amor ligados al Pasaje de la Humanidad hasta que el último hombre lo atraviese, esa labor de Custodia y vigilancia.

La militancia en la Orden del Temple es una llamada al Karma-positivo o negativo- para acelerarle a través del Servicio renunciando a toda recompensa de descanso eterno para trabajar por el Pasaje de la Humanidad tras la culminación iniciática que implica las pruebas de Tierra (nacimiento en la caverna), Agua (Bautizo en el Jordán), Aire (Transfiguración en el Monte Tabor) y Fuego (crucifixión y despedida de la envoltura Material). ( /.../ Impossibile Nihil est)







miércoles, 14 de noviembre de 2012

EL TEMPLE VIVE Y CAMINA: NUESTRO PLAN DE FORMACIÓN


El Temple es depositario de la Doctrina iniciática de Cristo. Si de la Doctrina Evangélica se desprende un sentido Religioso, también se desprende un camino hacia el Despertar efectivo del Cristo Interior que habita en Nosotros. La elaboración de la Personalidad Crística es a lo que se dedica un Caballero Templario: Convertirnos en el Cristo que ya somos pero que nuestra personalidad Inferior no nos deja plasmar.

En este sentido es un camino mágico. Operamos sobre los Planos de la Realidad y la conciencia sin que haya nada de metafórico en nuestras Palabras, la Iniciación es Real, es la vida Profana lo que concluimos que no es real. Pero para entender esto mismo hay que ser Caballero Templario.

El hombre común vive crucificado entre sus cuatro cuerpos inferiores: El Físico, el energético, el emocional y su Mente. El Espíritu pugna por volar Libre pero necesita del nacimiento de la Conciencia Crística para superar sus limitaciones y obtener así la Almendra Alquímica que es el Secreto del Centro de la Cruz, vértice además de la Pirámide Universal. Los Cuatro Evangelios canónicos nos hablan de esos cuatro cuerpos y de sus pruebas y Misterios, velados al mismo tiempo que evidentes. Sí, hay más evangelios, pero también más cuerpos?

En el Temple purificamos nuestra dimensión Física, Limpiamos nuestra Energía, dominamos nuestras emociones y elevamos la Mente para lanzarnos a una Cruzada por lo mejor del Hombre y de la Mujer, y así salvar a la Humanidad en esta Nueva Edad Media en la que estamos entrando, y de la cual nos hablan diariamente multitud de signos.

Vivimos un Nuevo Medievo y aquí está de nuevo la Orden del Temple. Si nuestros Hermanos Mayores se adelantaron varios siglos a su tiempo, hemos nosotros de adelantarnos al nuestro. La Orden del Temple no es un revival del Pasado: Nace comprometida con el Futuro.

Somos depositarios de un Secreto Simbólico y iniciático que custodiamos, y que es tan evidente al observar la Cruz que se hace oculto a los ojos de los profanos, esa Cruz que no es más que la Espada de la Milicia. El Temple vive y te llama a sus filas. Es hora de una nueva Cruzada. (/…/ Impossibile Nihil Est)

lunes, 22 de octubre de 2012

EL AMOR CONYUGAL





En las antiguas religiones paganas, Eros es un dios joven y bello, hijo de la Diosa Venus y del Dios Ares: La Guerra y el Amor, la Violencia del Eros y el Eros de la Violencia.

Platón dijo: "Quien se inicia en Eros ya no necesita a Ares". El EROS es un impulso violento pero también bello hacia aquello de lo que carecemos, implica pues una necesidad y reconocimiento de perfección: la autosuficiencia no es erótica. Para Platón, ama sólo quien ama el Alma, así lo dice en su Apología de Sócrates. "Te ama pues, quien ama tu Alma". Platón distinguía entre el Amor Alado, que es el Amor al Alma, y el Amor al Cuerpo, que era el Eros terrestre.

Esta idea del Amor a otro como Amor al Alma está plenamente desarrollado y perfeccionado en el Evangelio del Cristo, cuando consagra netamente toda la Ley anterior a él en el único mandamiento del Amor : “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. San Agustín, profundizando en el mandato evangélico dirá “La medida del amor es amar sin medida”.

Cuando San Bernardo de Claravall, Patrón del Temple, habla del amor humano, lo enmarca en la doctrina estoica de los cuatro afectos básicos del alma: “amor y alegría, temor y tristeza” (Var 50,3). El amor es un affecus, el más elevado de los cuatro, que tiene por objeto a Dios y al prójimo: “a Dios por su bondad, al prójimo por la común naturaleza” (Ibid.).


De los cuatro afectos, el amor es el único por el cual el hombre puede responder a Dios (SCant 83,4); y de hecho, toda la doctrina de la imagen divina en el hombre describe el camino de retorno a Dios por la orientación de este affectus principal del alma, que se debe ir volviendo semejante a la Caridad divina, hasta ser, como en el paraíso, caridad participada en el cuarto grado del amor.

Cuanto el amor es puro y está ordenado, ama lo que debe amar conforme a su naturaleza, y se llama caridad. Su purificación se realiza así: “cuando amamos lo que debe ser amado, cuando amamos más lo que merece más amor, y cuando no amamos lo que no debe ser amado. Entonces está purificado el amor” (Ibid.). El mismo proceso siguen los otros tres affectus.
Este afecto natural, por tanto, sólo es auténtico y él mismo, si está integrado en la Ley de la caridad que todo lo lleva a Dios. Entonces se llama affectus spiritualis, y es el reino de la libertad.

Por tanto, el amor en clave Templario tiene como objeto a Dios y al Prójimo en cuanto que ser espiritual.

¿Qué es lo que amamos cuando decimos que amamos a otro?
¿Qué hay en cada uno de ustedes que le singulariza, que le hace ser ustedes mismos?

Si escojo a Nerea, por ejemplo, que no me está escuchando. Nerea no es su nombre, porque hay muchos nombres igual. No es su pelo, pues aunque se le cambie, seguiría siendo ella. No es tampoco su cuerpo, porque si le faltara uno o dos brazos, o una o las dos piernas, seguiría siendo Nerea.


Digamos que hay algo que hace que Nerea sea Nerea, esta y no otra, y ese algo, es invisible, no se puede ver con los ojos del Cuerpo, como diría el Principito, "Lo esencial es invisible a los ojos. ¿Alguien de ustedes ha visto al Amor o a la Justicia o a la Amistas? Sin embargo, ninguno de ustedes puede prescindir de nada de esto...aún sin verlo.

Amar a alguien implica en primer lugar:
1.- Reconocer "eso" que hace que Nerea sea Nerea, lo que le hace seguir siendo ella, a pesar de los cambios de tiempo y de atributos.

2.- Una vez reconocido, que no siempre es fácil, hay que "quererlo", es decir, corroborar al ser amado en su propio ser, en aquello que le hace ser él mismo.
De manera que Amar significa reconocer la esencia del otro, y quererla, entendiéndola como querer que se desarrolle, que llegue a su plenitud, querer el desarrollo y promoción del otro en cuanto otro.


3.- No se puede decir que se quiere a alguien y anularle, o disminuirle su potencia, la disponibilidad del amante consiste en ofrecerse-como ofrenda- para que el otro llegue a su plenitud propia, se trata de ofrecerse al otro a ayudarle a realizar su ser y su esencia, a vivir su vida, no sustituyéndole, pero si apoyándole.
Es una afirmación de la persona amada no sólo en lo que es, sino en lo que puede llegar a ser "Confías en mí más que yo misma".


4.- Estas características de las que hablo, bien podrían predicarse de la amistad o del amor familiar por ejemplo, para despuntar el Amor erótico hay que añadirle dos notas: Intensidad y sexualidad Sagrada.


4.1 La intensidad con la que se quiere a la esencia personal del ser amado es tal que es una afirmación de su ser equiparable a la afirmación del ser propio:


"Yo quiero con toda mi alma que tú existas" Joseph Piepper


Es una intensidad que hace transfigurar el mundo propio, y también el mundo objetivo,
Un buen día, sin saber por qué, uno está alegre, se siente mejor. Todo parece más amable en derredor. Se tienen ganas de reír y de cantar, de caminar a grandes pasos a través de las calles. Se está mejor dispuesto para el trabajo. El amor nos hace descubrir en nosotros mismos una fuerza desconocida que nos empuja el deseo de realizar algo grande, de salir de nosotros mismos, de abrirnos, todo parece BRILLAR al contacto con el amor, con una luz nueva.

4.2 Reversibilidad
Esa intensidad es también, o puede ser reversible. Se descubre el amor por el otro a través del Amor del Otro. Cuando nos sentimos corroborados en nuestro ser con esa videncia, con esa intensidad, vemos que el contacto con ese ser que nos ama --nos lo diga o no, sea nuestra pareja o no -- nos hace sentirnos elevados por encima de nuestras circunstancias, y entonces necesitamos ponernos "en esa onda", abrirnos a recibir esa llamarada, y ofrecer nuestro propio fuego en la hoguera, necesitamos también corroborar en su ser a ese ser que está potenciando el nuestro.

4.3 Sexualidad Sagrada.
Dios nos ha hecho sexuados, venimos con ese mecanismo. Un mecanismo que funciona y que cumple una función de placer biológico y reproductivo. Un mecanismo que Platón aconsejaba perfeccionar, y utilizar, "de un cuerpo bello a otro, y así probar todos los cuerpos bellos”

En las mentalidades paganas, sobre todo en Grecia con las Bacanales y en India con los rituales tántricos el sexo se ritualiza y se simboliza, se añade al mecanismo físico una ritualización religiosa: la sacralidad es lo que le añadimos al mecanismo biológico.


No hay eros Sagrado en los animales, ni en las personas no enamoradas. Es de naturaleza artificial, artística, ritual, un añadido que no viene en el "pack biológico". Cuando los cuerpos de dos amantes que "se corroboran en su ser", en el sentido expuesto anteriormente se unen, se produce una significación que ha ido mucho más allá de la simple composición de cuerpos para producirse placer: se añade un plus de emoción, de devoción y de fervor, el cuerpo "obedece", en el tantrismo, esto supone "vencer al Dragón", porque el sexo se convierte así en una ceremonia simbólica de entrega mutua en el que llegar al final extático o dar salida a la mutua excitación, la reproducción o cualquier otro "objetivo" queda obnubilado al supraobjetivo esencial: “QUIERO DEJAR DE SER QUIEN TE DA, PARA CONVERTIME EN LO QUE TE DOY". (/…/ Impossibile Nihil Est)



lunes, 15 de octubre de 2012

LA EXPERIENCIA DE DIOS DE UN CABALLERO TEMPLARIO

A quien me pregunta por el sentido del Templarismo en la actualidad me gusta contarle una sencilla pero intensa historia que creo refleja bien el sentido de la experiencia de Dios.
Erase una vez un Caballero Templario que cabalgaba en solitario por los caminos, cuando se encontró con un mendigo, el cuál le pidió agua para calmar su sed. El Caballero Templario cortó la cuerda de su cincha y no dudó en regalar su cantimplora al hermano que mendigaba.

Posteriormente, el Caballero pudo observar como el mendigo caminaba tras de él, y, parándose le preguntó que quería, a lo que este contestó que aunque calmó su sed también tenía hambre, a lo que el Caballero Templario reaccionó entregándole también la bolsa de las provisiones y pidiéndole al mendigo que continuara su camino.

Un rato más tarde, de nuevo el Caballero observó que el mendigo le continuaba siguiendo, a lo que el caballero reaccionó de nuevo esta vez sin hacerle preguntas, cediéndoles además la bolsa de monedas que tenía por provisiones, y siguió su camino, esta vez convencido de que el mendigo ya no le seguiría, ya que le había dado todo lo que tenia de valor.

No era así, puesto que el mendigo continuaba siguiendo la estela del caballero, y esta vez fue el caballero mismo el que se le acercó al mendigo, a preguntarle la razón de su actitud.
Me lo has dado todo, efectivamente; toda tu agua, toda tu comida y todo tu dinero, pero precisamente por eso, he caído en la cuenta de que hay algo aún más valioso que te lo guardas para ti, y que precisamente al verte he caído en la cuenta de que lo quiero ya por encima de todo lo que me has dado, te devuelvo todo lo que me has dado, a cambio de que me des aquello que hay en ti que te hizo dármelo.

Lo que me ha hecho dártelo todo, querido hermano, es DIOS.

La experiencia de Dios de un Caballero Templario y de todo cristiano es muy distinta y muy singular a la experiencia religiosa de carácter antropológico, a tal punto de que muchos historiadores de culturas religiosas han llamado al cristianismo la religión del humanismo, o incluso la religiosidad a.teista.

En primer lugar, el Dios del cristianismo es un dios que se humaniza, se encarna, muy contrario al hombre que se caracteriza por querer constantemente endiosarse, siendo esta última idea, la de endiosarse estrictamente humana y, tal y como insiste Cristo una y otra vez, estrictamente antidivina.

El Endiosamiento va en dirección contraria a la divinización. Frente a un hombre empeñado en endiosarse, el Dios de los cristianos está empeñado en humanizarse, al punto que se convierte en hombre. Por tanto, hemos de colegir que hay una gran diferencia entre endiosarse y divinizarse, a tal punto de que son opuestos, para divinizarnos hemos de hacer lo opuesto de endiosarnos. Tenemos que renunciar a endiosarnos para divinizarnos Y esto es absolutamente privativo y exclusivo del cristianismo.

En segundo lugar, y en esta misma línea es un Dios que perdona, lo que los propios hombres son incapaces de perdonar. Lo que caracteriza el ser divino del dios anunciado por Cristo es el perdón siendo el juzgar y el condenar y el poder, curiosamente caracteres atribuidos milenariamente a la Divinidad, características humanas, y como diría Nietzsche, demasiado humanas que lejos de acercarnos a la Divinidad, nos alejan de ella.

En tercer lugar, mientras el hombre tiene una idea de Dios como alguien susceptible de recibir, como alguien que exige sacrificios y ofrendas de las criaturas inferiores, el Dios cristiano se caracteriza por un total y absoluto vaciamiento, es un Dios que se desfonda, se entrega por completo y gratuitamente.
Lo Divino es la entrega gratuita en silencio, la suprema manifestación Divina tiene lugar en el silencio de la cruz, expuesta en un puro vaciamiento, el todopoderoso Dios inclina su cabeza y “entrega” el espíritu a la Humanidad. Una entrega que se produce además en silencio. Nos acercamos a lo Divino cuando nos entregamos, cuando nos desfondamos, idea absolutamente opuesta a la cultura religiosa antropológica que concibe a la Divinidad como algo que recibe, que exige al otro, que se llena de ofrendas. Mucho me temo, por tercera vez que la idea del Dios que recibe es, de nuevo, “humana, demasiado humana”. Jesús entrega su espíritu, se queda sin nada, renuncia a todo adjetivo y pronombre posesivo, ya no le queda nada suyo.

En cuarto lugar, el Dios de los cristianos no es el ocupante de un trono plenipotenciario, ese lugar está vacío mucho antes que Nietzsche proclamara la muerte de Dios, El lugar que Dios libremente ha escogido para él y en el que debemos buscarlo es un lugar donde es imposible arrodillarse, donde es además poco agradable, la derecha del trono de Dios del que se habla en los evangelios que se disputaban esté posiblemente vació, pero no porque esté muy alto, ni porque sea muy difícil acceder a él, ese lugar está vacío porque ningún hombre lo quiere, para sentarnos a la diestra del Padre sólo tenemos que bajar a la altura de los pies de la humanidad, de los pies del hombre, allí encontraremos a su Hijo, y por lo tanto al Padre, ya que el Hijo sólo hace lo que ve hacer al Padre , lavando los pies a la Humanidad.

Esto si que es revolucionario ¿en que cultura religiosa hemos visto a un Dios lavando los pies a los hombres cuando si quiera acercarse a un símbolo del nombre de dios ya está prohibido por las religiones al uso? ¿qué clase de dios es éste abajado hasta el suelo y lavando servilmente los pies a sus criaturas? En el Oficio Templario, nuestro Gran Maestre nos lava los pies a los hermanos, ¿entendemos esto? ¿entendemos que eso nos obliga a lavar los pies de la humanidad entre pasaje y pasaje?

El Dios del Caballero Templario es un Dios que no quiere que miremos hacia arriba, ese dios ha muerto, sino hacia dentro,
No quiere que le busquemos en un trono, ese dios ha muerto, sino en un mendigo, en el prójimo.
No quiere ofrendas, ese dios ha muerto, sino que le acompañemos en su propia entrega, y que nos entreguemos nosotros mismos por la humanidad. Que nos divinicemos por el servicio.
No nos deja arrodillarnos para adorarle, ese dios ha muerto, quiere que nos bajemos a la altura de los pies de la humanidad y allí le encontraremos.
Que distinto sería un diálogo con los ateos mostrando a este Dios, con los jóvenes, con la sociedad...
Es un Dios increíble, excesivo, desbordante, un Dios que se enfrenta a la idea de Dios que el hombre se ha inventado como inventario de sus propias fantasías de poder y que Nietzsche acertadamente mató.

La Milicia del Cristo es quien debe cumplir esto, es quien debe anunciar este Dios silente, sirviente y entregado, este escándalo del Dios humanizado encarnado en Cristo, porque a la humanidad cómoda de hoy le viene mejor ese becerro de oro plenipotenciario, juzgador y exigente que se inventaron los poderosos y que es el gran Pecado contra el Espíritu Santo.
Pero para ello estamos obligados, como el Caballero Templario que encabeza esta ponencia, a ser capaces de andar solitarios por nuestro pequeño mundo mostrando que somos templarios, evangelizar con el ejemplo desnudo del acto de servicio entregándolo todo sin rechistar, para provocar en la sociedad que nos rodea la pregunta :

¿Quién eres tú? ¿Por qué haces esto? Dame eso que te hace ser así, en esta sociedad posmoderna híper tecnificada y consumista este Dios es todavía desconocido, y, no nos equivocamos, los que estamos reunidos escuchando esto, somos, por increíble que nos parezca, los que Dios ha elegido para darle a conocer, sé hermanos que no nos lo creemos, pero yo estoy seguro de ello.

Podemos preguntarnos porque nosotros, si no somos nada ni nadie especial, pues precisamente por eso, si somos capaces de matar en nosotros al Dios becerro de oro y hacer hablar al que duerme en nuestro interior, sí entenderemos por qué. ( /…/ Impossibile Nihil est)


miércoles, 3 de octubre de 2012

EL CODIGO TEMPLARIO

Representación de Hugo de Payns recibiendo de manos de Bernardo de Claraval la Regla aprobada para la Orden de los Pobres Soldados de Jesucristo.  
 





·       Luchar contra el materialismo, la impiedad y la tiranía en el mundo.
·       Defender la santidad del individuo.
·       Afirmar la base espiritual de la existencia humana.
·       Conducirse con humildad y ser el más honorable, el más noble, el más cortes, el más honesto y el más caballeroso.
·       El templario debe servir a la Orden y no esperar ser servido por ella. Que lo que colabore lo haga en servicio de la cruz y no debe esperar recompensa salvo el saber que con ello honra a la Orden por su devoción.
·       El templario no debe causar a ninguna criatura herida o daño, sea esta una criatura humana u otra, sea por ganancia, placer o vanidad. Al contrario, el templario debe intentar llevar la justicia a todos aquellos que no la reciben porque todos son hijos del creador y a todos a concedido el creador el don de la vida.
·       Ante todos los seres el templario debe demostrar caballerosidad, cortesía y honestidad.
·       Un templario debe vivir cada día como un crítico del día anterior, de esta manera cada nuevo amanecer será un paso hacia una mayor nobleza.
·       Ningún templario deberá ofender de forma alguna a una persona u otro ser. Para todos, el templario debe ser un ejemplo de caballerosidad.
·       Ningún deberá temer nada de un templario, ni de sus palabras ni de sus acciones.
·       Donde hay debilidad allí el templario debe llevar su fuerza. Donde no hay voz allí el templario debe llevar la suya. Donde están los más pobres allí el templario debe distribuir su generosidad.
·       Un soldado del temple no puede estar esclavizado por creencias sectarias u opiniones estrechas. El templario debe siempre buscar la verdad.
·       Jamás un templario debe deshonrar a otro, porque dicha conducta le deshonrará a él y llevará descrédito a la Orden.
·       No debe ser brutal.
·       No debe emborracharse en forma ofensiva.
·       No debe ser ni inmoral ni amoral.
·       No debe ser cobarde ni bestial.
·       No debe mentir ni tener intenciones maliciosas.
·       No debe buscar posiciones de engrandecimiento dentro de la Orden. Se contentará con aquellos puestos que le sean encomendados para mejor servirla.
·       No debe juzgar a nadie dentro o fuera de la Orden por sus posesiones o su posición social. Antes al contrario debe juzgar por el carácter y la bondad o falta de ellos.
·       Debe expresar verdadero sometimiento a los principios del Temple y obediencia a sus oficiales en todas las cosas de la Orden, en tanto entienda que sean verdaderos templarios y merezcan dicha obediencia.
·       Debe ser un verdadero patriota hacia la tierra que el señor le ha dado.
·       No debe cazar a ninguna criatura ni por vanidad ni por deporte.
·       No debe matar a ninguna criatura salvo para alimentarse o en defensa propia.
·       Debe mantenerse firme y veraz en las justas causas del señor.
·       No tomará actitud ofensiva contra ningún hombre por la forma en que se dirige a Dios, aunque esta sea diferente o extraña. Antes al contrario el templario deberá intentar entender como otros se acercan a Dios.
·       Debe siempre ser consciente de que es un soldado del Temple y tratar siempre que sus obras sean un ejemplo para los demás.