lunes, 22 de octubre de 2012

EL AMOR CONYUGAL





En las antiguas religiones paganas, Eros es un dios joven y bello, hijo de la Diosa Venus y del Dios Ares: La Guerra y el Amor, la Violencia del Eros y el Eros de la Violencia.

Platón dijo: "Quien se inicia en Eros ya no necesita a Ares". El EROS es un impulso violento pero también bello hacia aquello de lo que carecemos, implica pues una necesidad y reconocimiento de perfección: la autosuficiencia no es erótica. Para Platón, ama sólo quien ama el Alma, así lo dice en su Apología de Sócrates. "Te ama pues, quien ama tu Alma". Platón distinguía entre el Amor Alado, que es el Amor al Alma, y el Amor al Cuerpo, que era el Eros terrestre.

Esta idea del Amor a otro como Amor al Alma está plenamente desarrollado y perfeccionado en el Evangelio del Cristo, cuando consagra netamente toda la Ley anterior a él en el único mandamiento del Amor : “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. San Agustín, profundizando en el mandato evangélico dirá “La medida del amor es amar sin medida”.

Cuando San Bernardo de Claravall, Patrón del Temple, habla del amor humano, lo enmarca en la doctrina estoica de los cuatro afectos básicos del alma: “amor y alegría, temor y tristeza” (Var 50,3). El amor es un affecus, el más elevado de los cuatro, que tiene por objeto a Dios y al prójimo: “a Dios por su bondad, al prójimo por la común naturaleza” (Ibid.).


De los cuatro afectos, el amor es el único por el cual el hombre puede responder a Dios (SCant 83,4); y de hecho, toda la doctrina de la imagen divina en el hombre describe el camino de retorno a Dios por la orientación de este affectus principal del alma, que se debe ir volviendo semejante a la Caridad divina, hasta ser, como en el paraíso, caridad participada en el cuarto grado del amor.

Cuanto el amor es puro y está ordenado, ama lo que debe amar conforme a su naturaleza, y se llama caridad. Su purificación se realiza así: “cuando amamos lo que debe ser amado, cuando amamos más lo que merece más amor, y cuando no amamos lo que no debe ser amado. Entonces está purificado el amor” (Ibid.). El mismo proceso siguen los otros tres affectus.
Este afecto natural, por tanto, sólo es auténtico y él mismo, si está integrado en la Ley de la caridad que todo lo lleva a Dios. Entonces se llama affectus spiritualis, y es el reino de la libertad.

Por tanto, el amor en clave Templario tiene como objeto a Dios y al Prójimo en cuanto que ser espiritual.

¿Qué es lo que amamos cuando decimos que amamos a otro?
¿Qué hay en cada uno de ustedes que le singulariza, que le hace ser ustedes mismos?

Si escojo a Nerea, por ejemplo, que no me está escuchando. Nerea no es su nombre, porque hay muchos nombres igual. No es su pelo, pues aunque se le cambie, seguiría siendo ella. No es tampoco su cuerpo, porque si le faltara uno o dos brazos, o una o las dos piernas, seguiría siendo Nerea.


Digamos que hay algo que hace que Nerea sea Nerea, esta y no otra, y ese algo, es invisible, no se puede ver con los ojos del Cuerpo, como diría el Principito, "Lo esencial es invisible a los ojos. ¿Alguien de ustedes ha visto al Amor o a la Justicia o a la Amistas? Sin embargo, ninguno de ustedes puede prescindir de nada de esto...aún sin verlo.

Amar a alguien implica en primer lugar:
1.- Reconocer "eso" que hace que Nerea sea Nerea, lo que le hace seguir siendo ella, a pesar de los cambios de tiempo y de atributos.

2.- Una vez reconocido, que no siempre es fácil, hay que "quererlo", es decir, corroborar al ser amado en su propio ser, en aquello que le hace ser él mismo.
De manera que Amar significa reconocer la esencia del otro, y quererla, entendiéndola como querer que se desarrolle, que llegue a su plenitud, querer el desarrollo y promoción del otro en cuanto otro.


3.- No se puede decir que se quiere a alguien y anularle, o disminuirle su potencia, la disponibilidad del amante consiste en ofrecerse-como ofrenda- para que el otro llegue a su plenitud propia, se trata de ofrecerse al otro a ayudarle a realizar su ser y su esencia, a vivir su vida, no sustituyéndole, pero si apoyándole.
Es una afirmación de la persona amada no sólo en lo que es, sino en lo que puede llegar a ser "Confías en mí más que yo misma".


4.- Estas características de las que hablo, bien podrían predicarse de la amistad o del amor familiar por ejemplo, para despuntar el Amor erótico hay que añadirle dos notas: Intensidad y sexualidad Sagrada.


4.1 La intensidad con la que se quiere a la esencia personal del ser amado es tal que es una afirmación de su ser equiparable a la afirmación del ser propio:


"Yo quiero con toda mi alma que tú existas" Joseph Piepper


Es una intensidad que hace transfigurar el mundo propio, y también el mundo objetivo,
Un buen día, sin saber por qué, uno está alegre, se siente mejor. Todo parece más amable en derredor. Se tienen ganas de reír y de cantar, de caminar a grandes pasos a través de las calles. Se está mejor dispuesto para el trabajo. El amor nos hace descubrir en nosotros mismos una fuerza desconocida que nos empuja el deseo de realizar algo grande, de salir de nosotros mismos, de abrirnos, todo parece BRILLAR al contacto con el amor, con una luz nueva.

4.2 Reversibilidad
Esa intensidad es también, o puede ser reversible. Se descubre el amor por el otro a través del Amor del Otro. Cuando nos sentimos corroborados en nuestro ser con esa videncia, con esa intensidad, vemos que el contacto con ese ser que nos ama --nos lo diga o no, sea nuestra pareja o no -- nos hace sentirnos elevados por encima de nuestras circunstancias, y entonces necesitamos ponernos "en esa onda", abrirnos a recibir esa llamarada, y ofrecer nuestro propio fuego en la hoguera, necesitamos también corroborar en su ser a ese ser que está potenciando el nuestro.

4.3 Sexualidad Sagrada.
Dios nos ha hecho sexuados, venimos con ese mecanismo. Un mecanismo que funciona y que cumple una función de placer biológico y reproductivo. Un mecanismo que Platón aconsejaba perfeccionar, y utilizar, "de un cuerpo bello a otro, y así probar todos los cuerpos bellos”

En las mentalidades paganas, sobre todo en Grecia con las Bacanales y en India con los rituales tántricos el sexo se ritualiza y se simboliza, se añade al mecanismo físico una ritualización religiosa: la sacralidad es lo que le añadimos al mecanismo biológico.


No hay eros Sagrado en los animales, ni en las personas no enamoradas. Es de naturaleza artificial, artística, ritual, un añadido que no viene en el "pack biológico". Cuando los cuerpos de dos amantes que "se corroboran en su ser", en el sentido expuesto anteriormente se unen, se produce una significación que ha ido mucho más allá de la simple composición de cuerpos para producirse placer: se añade un plus de emoción, de devoción y de fervor, el cuerpo "obedece", en el tantrismo, esto supone "vencer al Dragón", porque el sexo se convierte así en una ceremonia simbólica de entrega mutua en el que llegar al final extático o dar salida a la mutua excitación, la reproducción o cualquier otro "objetivo" queda obnubilado al supraobjetivo esencial: “QUIERO DEJAR DE SER QUIEN TE DA, PARA CONVERTIME EN LO QUE TE DOY". (/…/ Impossibile Nihil Est)



lunes, 15 de octubre de 2012

LA EXPERIENCIA DE DIOS DE UN CABALLERO TEMPLARIO

A quien me pregunta por el sentido del Templarismo en la actualidad me gusta contarle una sencilla pero intensa historia que creo refleja bien el sentido de la experiencia de Dios.
Erase una vez un Caballero Templario que cabalgaba en solitario por los caminos, cuando se encontró con un mendigo, el cuál le pidió agua para calmar su sed. El Caballero Templario cortó la cuerda de su cincha y no dudó en regalar su cantimplora al hermano que mendigaba.

Posteriormente, el Caballero pudo observar como el mendigo caminaba tras de él, y, parándose le preguntó que quería, a lo que este contestó que aunque calmó su sed también tenía hambre, a lo que el Caballero Templario reaccionó entregándole también la bolsa de las provisiones y pidiéndole al mendigo que continuara su camino.

Un rato más tarde, de nuevo el Caballero observó que el mendigo le continuaba siguiendo, a lo que el caballero reaccionó de nuevo esta vez sin hacerle preguntas, cediéndoles además la bolsa de monedas que tenía por provisiones, y siguió su camino, esta vez convencido de que el mendigo ya no le seguiría, ya que le había dado todo lo que tenia de valor.

No era así, puesto que el mendigo continuaba siguiendo la estela del caballero, y esta vez fue el caballero mismo el que se le acercó al mendigo, a preguntarle la razón de su actitud.
Me lo has dado todo, efectivamente; toda tu agua, toda tu comida y todo tu dinero, pero precisamente por eso, he caído en la cuenta de que hay algo aún más valioso que te lo guardas para ti, y que precisamente al verte he caído en la cuenta de que lo quiero ya por encima de todo lo que me has dado, te devuelvo todo lo que me has dado, a cambio de que me des aquello que hay en ti que te hizo dármelo.

Lo que me ha hecho dártelo todo, querido hermano, es DIOS.

La experiencia de Dios de un Caballero Templario y de todo cristiano es muy distinta y muy singular a la experiencia religiosa de carácter antropológico, a tal punto de que muchos historiadores de culturas religiosas han llamado al cristianismo la religión del humanismo, o incluso la religiosidad a.teista.

En primer lugar, el Dios del cristianismo es un dios que se humaniza, se encarna, muy contrario al hombre que se caracteriza por querer constantemente endiosarse, siendo esta última idea, la de endiosarse estrictamente humana y, tal y como insiste Cristo una y otra vez, estrictamente antidivina.

El Endiosamiento va en dirección contraria a la divinización. Frente a un hombre empeñado en endiosarse, el Dios de los cristianos está empeñado en humanizarse, al punto que se convierte en hombre. Por tanto, hemos de colegir que hay una gran diferencia entre endiosarse y divinizarse, a tal punto de que son opuestos, para divinizarnos hemos de hacer lo opuesto de endiosarnos. Tenemos que renunciar a endiosarnos para divinizarnos Y esto es absolutamente privativo y exclusivo del cristianismo.

En segundo lugar, y en esta misma línea es un Dios que perdona, lo que los propios hombres son incapaces de perdonar. Lo que caracteriza el ser divino del dios anunciado por Cristo es el perdón siendo el juzgar y el condenar y el poder, curiosamente caracteres atribuidos milenariamente a la Divinidad, características humanas, y como diría Nietzsche, demasiado humanas que lejos de acercarnos a la Divinidad, nos alejan de ella.

En tercer lugar, mientras el hombre tiene una idea de Dios como alguien susceptible de recibir, como alguien que exige sacrificios y ofrendas de las criaturas inferiores, el Dios cristiano se caracteriza por un total y absoluto vaciamiento, es un Dios que se desfonda, se entrega por completo y gratuitamente.
Lo Divino es la entrega gratuita en silencio, la suprema manifestación Divina tiene lugar en el silencio de la cruz, expuesta en un puro vaciamiento, el todopoderoso Dios inclina su cabeza y “entrega” el espíritu a la Humanidad. Una entrega que se produce además en silencio. Nos acercamos a lo Divino cuando nos entregamos, cuando nos desfondamos, idea absolutamente opuesta a la cultura religiosa antropológica que concibe a la Divinidad como algo que recibe, que exige al otro, que se llena de ofrendas. Mucho me temo, por tercera vez que la idea del Dios que recibe es, de nuevo, “humana, demasiado humana”. Jesús entrega su espíritu, se queda sin nada, renuncia a todo adjetivo y pronombre posesivo, ya no le queda nada suyo.

En cuarto lugar, el Dios de los cristianos no es el ocupante de un trono plenipotenciario, ese lugar está vacío mucho antes que Nietzsche proclamara la muerte de Dios, El lugar que Dios libremente ha escogido para él y en el que debemos buscarlo es un lugar donde es imposible arrodillarse, donde es además poco agradable, la derecha del trono de Dios del que se habla en los evangelios que se disputaban esté posiblemente vació, pero no porque esté muy alto, ni porque sea muy difícil acceder a él, ese lugar está vacío porque ningún hombre lo quiere, para sentarnos a la diestra del Padre sólo tenemos que bajar a la altura de los pies de la humanidad, de los pies del hombre, allí encontraremos a su Hijo, y por lo tanto al Padre, ya que el Hijo sólo hace lo que ve hacer al Padre , lavando los pies a la Humanidad.

Esto si que es revolucionario ¿en que cultura religiosa hemos visto a un Dios lavando los pies a los hombres cuando si quiera acercarse a un símbolo del nombre de dios ya está prohibido por las religiones al uso? ¿qué clase de dios es éste abajado hasta el suelo y lavando servilmente los pies a sus criaturas? En el Oficio Templario, nuestro Gran Maestre nos lava los pies a los hermanos, ¿entendemos esto? ¿entendemos que eso nos obliga a lavar los pies de la humanidad entre pasaje y pasaje?

El Dios del Caballero Templario es un Dios que no quiere que miremos hacia arriba, ese dios ha muerto, sino hacia dentro,
No quiere que le busquemos en un trono, ese dios ha muerto, sino en un mendigo, en el prójimo.
No quiere ofrendas, ese dios ha muerto, sino que le acompañemos en su propia entrega, y que nos entreguemos nosotros mismos por la humanidad. Que nos divinicemos por el servicio.
No nos deja arrodillarnos para adorarle, ese dios ha muerto, quiere que nos bajemos a la altura de los pies de la humanidad y allí le encontraremos.
Que distinto sería un diálogo con los ateos mostrando a este Dios, con los jóvenes, con la sociedad...
Es un Dios increíble, excesivo, desbordante, un Dios que se enfrenta a la idea de Dios que el hombre se ha inventado como inventario de sus propias fantasías de poder y que Nietzsche acertadamente mató.

La Milicia del Cristo es quien debe cumplir esto, es quien debe anunciar este Dios silente, sirviente y entregado, este escándalo del Dios humanizado encarnado en Cristo, porque a la humanidad cómoda de hoy le viene mejor ese becerro de oro plenipotenciario, juzgador y exigente que se inventaron los poderosos y que es el gran Pecado contra el Espíritu Santo.
Pero para ello estamos obligados, como el Caballero Templario que encabeza esta ponencia, a ser capaces de andar solitarios por nuestro pequeño mundo mostrando que somos templarios, evangelizar con el ejemplo desnudo del acto de servicio entregándolo todo sin rechistar, para provocar en la sociedad que nos rodea la pregunta :

¿Quién eres tú? ¿Por qué haces esto? Dame eso que te hace ser así, en esta sociedad posmoderna híper tecnificada y consumista este Dios es todavía desconocido, y, no nos equivocamos, los que estamos reunidos escuchando esto, somos, por increíble que nos parezca, los que Dios ha elegido para darle a conocer, sé hermanos que no nos lo creemos, pero yo estoy seguro de ello.

Podemos preguntarnos porque nosotros, si no somos nada ni nadie especial, pues precisamente por eso, si somos capaces de matar en nosotros al Dios becerro de oro y hacer hablar al que duerme en nuestro interior, sí entenderemos por qué. ( /…/ Impossibile Nihil est)


jueves, 11 de octubre de 2012

INVITACIÓN A LA INICIACIÓN CRÍSTICA DEL EVANGELIO DE JUAN




En todas las religiones existen dos vías de conocimiento de la unidad, del todo, del uno, de Dios, que se ponen a disposición del creyente en función de la madurez espiritual de éste: Una exotérica, con contenidos dogmáticos, de sencilla comprensión que está al alcance de cualquier persona que tenga siquiera una fe natural y va dirigida al pueblo y otra esotérica o interior, metafísica a menudo iniciática que requiere para su asimilación y comprensión de un trabajo espiritual previo y de un sentimiento de “llamada” y de búsqueda y de una fe madura.

El cristianismo no es ajeno a éstas dos vías de conocimiento, Jesús enseñó por una parte al nivel del entendimiento del pueblo y al nivel de comprensión de sus discípulos más íntimos conteniendo un conocimiento esotérico e iniciático. Como es sabido los tres primeros evangelios del Nuevo Testamento (los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas) llamados sinópticos o canónicos contienen la enseñanza exotérica de la que hemos hablado en forma de parábolas y comparaciones, mostrando a un tiempo un código de comportamiento y unas reglas de conducta e iban destinados al pueblo. Mateo escribe un evangelio para los judíos, Marcos para los romanos y Lucas para todos los gentiles. Es la vía húmeda alquímica, horizontal, propia de las iglesias exotéricas del cristianismo, la Iglesia de Pedro, que trata de conducir al creyente en el camino de la unidad y de la comprensión y vivencia de Dios a través del dogma.

El evangelio de Juan es de una naturaleza completamente distinta a los tres anteriores, es el evangelio espiritual, que contiene la doctrina espiritual, esotérica y metafísica, puramente iniciática, base fundamental de la iniciación crística y va dirigida a los iniciados, tal y como señala Pablo en la Primera Epistola a los Corintios, especialmente en los versículos 6 y 7: “entre los iniciados enseñamos una sabiduría que no es de éste mundo, ni de los príncipes de este mundo, abocados a la destrucción. Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, oculta, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria y que no conoció ninguno de los príncipes de éste mundo”. 

Jesús enseñó ésta  doctrina a sus discípulos sobre todo a Pedro, Juan y Santiago y que Pablo difundió entre los gentiles, al consolidarse la iglesia en el siglo II fue entregada a los fieles en el evangelio de San Juan pudiendo finalmente ser origen de la Orden de los Templarios ya que en 1.118 Hugo de Payns fue reconocido por sus virtudes y elevada espiritualidad como custodio de la enseñanza secreta y fue él quien fundó la Orden. Los templarios, en estrecha comunión con San Bernardo admitirían las formas externas de la iglesia de Pedro pero su inspiración proviene de la doctrina esotérica e iniciática de Juan. En éste sentido se ha de decir que ambas doctrinas son complementarias y en absoluto excluyentes.

Desde el punto de vista de quien suscribe éstas líneas el evangelio de San Juan (también en otra medida los evangelios sinópticos) recogen lo que Renée Guenon nombra como “Tradición Universal” que desde luego no es patrimonio exclusivo del cristianismo toda vez que la misma, difundida a lo largo y ancho del mundo aunque adoptando diferentes formas, simbología y vías de asimilación en función de la civilización y cultura receptora tiene como nota característica ser la enseñanza superior seguida por grupos minoritarios (piénsese en los sufíes o la Orden del Viejo de la Montaña en el Islam, la masonería, la filosofía advaita vedanta en la India y tantas otras). No podría ser de otra manera pues la verdad es una, la verdadera realidad una, tan solo cambia la forma en que se transmite, las herramientas de transmisión, la simbología.

No obstante lo anterior, el cristianismo, a través del evangelio de San Juan es una de esas formas de transmisión de esa tradición universal, ofreciéndonos la iniciación crística como vía de reunificación con la unidad, con el absoluto, con dios, y en éste sentido nos ofrece un conocimiento valiosísimo que constituye la “vía seca alquímica”, la vía del fuego, seguida por los seguidores de Juan y puesta a disposición de todo aquél que como dice Mateo “el que pueda entender que entienda”.

No es posible en unas pocas líneas sintetizar el conocimiento iniciático que albergan los veintidós capítulos del evangelio de Juan que requeriría de un volumen entero para su aproximación, si bien tengo la pretensión de ser “el dedo que señala la luna” dirigido a todo aquél que sienta esa “llamada” y albergue ese espíritu de búsqueda para que, guiados por la inteligencia del corazón (los hindúes lo llaman buddhi) desentrañen desde el prólogo (aunque hubiera sido más correcto llamarlo epílogo) qué es el “verbo”, qué significa verdaderamente ser “hijo de Dios”  y tantas otras enseñanzas que, bajo un lenguaje simbólico, se van desgranando a través de éste evangelio.

También he de señalar que no es un evangelio para principiantes, se ha de poseer un cierto grado de madurez espiritual y una vocación de iluminación. Puede comenzarse su lectura amparándose en las reglas del tradicional “trívium” clásico: gramática-lógica-retórica, es decir: conocimiento del evangelio-el razonamiento del mismo- aplicación y sin duda se obtendrá un cierto nivel de conocimiento y comprensión pero solo tras haber superado esa fase, tras haber superado las barreras de la mente discursiva se podrá acceder al verdadero conocimiento que es el corazón del evangelio de Juan y en ésta tarea solo la inteligencia del corazón puede ayudar, es por esto que es un evangelio esotérico e iniciático. Esotérico porque tiene un significado oculto al mundo de las apariencias e iniciático porque señala una ruta indudable para renacer en el espíritu y poder llegar a ser un verdadero hijo de Dios, para volver a ser el hombre anterior a la dualidad y la caída, para tomar conciencia de quienes somos en realidad: como señala la tradición advaita vedanta: “sat, chit, ananda”: verdad, consciencia, felicidad. Describe la ruta hacia la luz

A quien tenga el coraje de seguir éste camino advertirle que se ha de poseer humildad, firmeza, disciplina y espíritu de sacrificio, quizá todas estas palabras puedan sonar intimidatorias sin embargo suponen una elección que nos aleja de una existencia sometida por apegos, pasiones y tinieblas y constituye el ingreso en un mayor nivel de consciencia establecido en la ruta de la verdad y como Jesús dijo: “la verdad os hará libres”.

Es pues, este Evangelio la invitación a descubrir la verdad y a través de ella, la libertad (Silentis, "Axis Rotae")

 


miércoles, 10 de octubre de 2012

SI VIS PACEM, PARA BELLUM








“Si vis pacem, para bellum”, decían en la antigua Roma, y la historia nos demuestra que generación tras generación hemos seguido este refrán sin excepción y, a pesar de haber vestido nuestros conflictos de otro ropaje,  continuamos buscando la paz, haciendo siempre la guerra.

Mirando con objetividad la sociedad medieval y sus carencias y comparándola con la actual ¿cuánto hemos avanzado? ¿Cuánto hemos crecido verdaderamente? Y si es posible aplicar en la sociedad actual el mismo “modus operandi” que hace siglos y además obtener resultados iguales o parecidos ¿será tal vez porque en esencia, lo que conocemos como sociedad y su núcleo, el individuo, no ha cambiado verdaderamente?

Veamos: seguimos teniendo hambre, pobreza y guerras en nombre de ideales similares como Justicia, Libertad o en nombre de la religión; Felipe IV de Francia existe aún, aunque de otro cuerpo, cara y nombre, igual sigue viva la esencia de Papa Clemente V y Jaques de Molay somos muchos. Como modelos, ideales y símbolos, estas tres figuras siguen presentes y es por eso que, queramos o no, seguimos divididos en fuertes y débiles y estamos en guerra.

Diríase que, a lo largo de los siglos hemos conseguido la paz en varias ocasiones, pero preguntémonos ¿por qué cuesta menos empezar la guerra, que mantener la paz? ¿Por qué es tan complejo salvar una vida y tan fácil aplastarla? ¿Por qué al individuo le resulta tan fácil destruir su entorno, mientras que para llegar a  ser constructor, le cuesta años de aprendizaje?

Pienso que la paz que se consigue como resultado de la violencia, de las agresiones de cualquier tipo, y de la matanza en nombre de cualquier ideal por más alto y embellecedor que sea, jamás será una paz verdadera y por ende duradera, puesto que lo que es victoria y paz de una parte, será pérdida y guerra para la otra. Y esto nos lo demuestra tan a menudo la historia, ya que no ha habido ni habrá vencido que algún día no se vuelva vencedor, ni oprimido que no se rebele, convirtiéndose en opresor.

En otras palabras, la manera en la que conseguimos la paz es igual a la manera en la que provocamos la guerra, y mientras no tomemos plena conciencia de esta manera de actuar, mientras sigamos comparándonos los unos con los otros, igual los países y las religiones entre ellas, mientras dividiremos el mundo en buenos y malos, siempre que en algún sitio se conseguirá la paz, en otro se entrará en guerra. Es este, a mí entender, el mundo de las ilusiones y el camino que siguen los ciegos.

Pensemos en que, de una manera simplificada, la finalidad que persigue toda religión, en su origen, es hacer el Bien, y es eso a lo que uno tiene que ceñirse, pero tal vez lo que debe evolucionar en el ser humano es su entendimiento del Bien y las herramientas que conoce y aplica para conseguirlo. Por ejemplo, un “modus operandi” sobre el que debemos reflexionar y que deberíamos intentar desaprender es el de la división: la comparación,  la creación humana, artificial de los contrarios,  puesto que todo esto representa la autentica semilla del conflicto.

El Templario actual no debe olvidar que su objetivo como tal es proteger a los débiles y hacer el Bien, pero no por ello tiene que verse necesariamente obligado a hacer la guerra. Es cierto que nuestro escudo dividido en blanco y negro es, entre otras, no solamente una invitación a preparar la guerra, sino una declaración de la misma, pero llevamos siglos actuando de esta manera, y los tiempos en que vivimos actualmente son prueba del fracaso de haber seguido una y otra vez el mismo refrán: “Si vis pacem, para bellum”.

Tal vez sea el momento que el Templario actual reflexione sobre un significado más profundo de nuestro escudo, y considere que la verdadera guerra que vale la pena llevar es aquella consigo mismo, para entender la semilla del conflicto que existe en nosotros desde hace tantas generaciones, tal como existe en cualquier individuo, de cambiar el modus operandi arcaico que nos ha sido trasmitido a lo largo de los siglos, puesto que nos lleva siempre al mismo punto y nos tiene atrapados en el circulo vicioso de los contrarios.

Guerra y Paz es la realidad en la que vivimos y la que hemos creado, indudablemente. Pero entendiendo en su totalidad el mecanismo de los dos, que de hecho son uno, o sea, conflicto; entendiendo que los opuestos en realidad no existen, mas bien nos han sido enseñados y trasmitidos de generación en generación sin que nosotros los hayamos cuestionado, podremos sacarnos del sin fin de la guerra, producir el cambio de conciencia que cumplirá con la visión de tantas filosofías, creencias y religiones, incluido el Cristianismo: la Armonía, lo único que abre las puertas al verdadero Amor y lo hace posible.(Iris, "Mobilis in mobile")

 

 


miércoles, 3 de octubre de 2012

EL CODIGO TEMPLARIO

Representación de Hugo de Payns recibiendo de manos de Bernardo de Claraval la Regla aprobada para la Orden de los Pobres Soldados de Jesucristo.  
 





·       Luchar contra el materialismo, la impiedad y la tiranía en el mundo.
·       Defender la santidad del individuo.
·       Afirmar la base espiritual de la existencia humana.
·       Conducirse con humildad y ser el más honorable, el más noble, el más cortes, el más honesto y el más caballeroso.
·       El templario debe servir a la Orden y no esperar ser servido por ella. Que lo que colabore lo haga en servicio de la cruz y no debe esperar recompensa salvo el saber que con ello honra a la Orden por su devoción.
·       El templario no debe causar a ninguna criatura herida o daño, sea esta una criatura humana u otra, sea por ganancia, placer o vanidad. Al contrario, el templario debe intentar llevar la justicia a todos aquellos que no la reciben porque todos son hijos del creador y a todos a concedido el creador el don de la vida.
·       Ante todos los seres el templario debe demostrar caballerosidad, cortesía y honestidad.
·       Un templario debe vivir cada día como un crítico del día anterior, de esta manera cada nuevo amanecer será un paso hacia una mayor nobleza.
·       Ningún templario deberá ofender de forma alguna a una persona u otro ser. Para todos, el templario debe ser un ejemplo de caballerosidad.
·       Ningún deberá temer nada de un templario, ni de sus palabras ni de sus acciones.
·       Donde hay debilidad allí el templario debe llevar su fuerza. Donde no hay voz allí el templario debe llevar la suya. Donde están los más pobres allí el templario debe distribuir su generosidad.
·       Un soldado del temple no puede estar esclavizado por creencias sectarias u opiniones estrechas. El templario debe siempre buscar la verdad.
·       Jamás un templario debe deshonrar a otro, porque dicha conducta le deshonrará a él y llevará descrédito a la Orden.
·       No debe ser brutal.
·       No debe emborracharse en forma ofensiva.
·       No debe ser ni inmoral ni amoral.
·       No debe ser cobarde ni bestial.
·       No debe mentir ni tener intenciones maliciosas.
·       No debe buscar posiciones de engrandecimiento dentro de la Orden. Se contentará con aquellos puestos que le sean encomendados para mejor servirla.
·       No debe juzgar a nadie dentro o fuera de la Orden por sus posesiones o su posición social. Antes al contrario debe juzgar por el carácter y la bondad o falta de ellos.
·       Debe expresar verdadero sometimiento a los principios del Temple y obediencia a sus oficiales en todas las cosas de la Orden, en tanto entienda que sean verdaderos templarios y merezcan dicha obediencia.
·       Debe ser un verdadero patriota hacia la tierra que el señor le ha dado.
·       No debe cazar a ninguna criatura ni por vanidad ni por deporte.
·       No debe matar a ninguna criatura salvo para alimentarse o en defensa propia.
·       Debe mantenerse firme y veraz en las justas causas del señor.
·       No tomará actitud ofensiva contra ningún hombre por la forma en que se dirige a Dios, aunque esta sea diferente o extraña. Antes al contrario el templario deberá intentar entender como otros se acercan a Dios.
·       Debe siempre ser consciente de que es un soldado del Temple y tratar siempre que sus obras sean un ejemplo para los demás.